Lo último que debes permitir es…

Si hay algo de lo que podemos estar absolutamente seguros, en este mundo de absoluta inseguridad, es que el entorno en el que vivimos tiene un enorme impacto en nuestra mentalidad y esta, a su vez, en nuestra calidad de vida.

Según el diccionario, podemos definir mentalidad como la manera de interpretar la información y estímulos que recibe nuestro cerebro y que determinará cómo respondemos a cada situación que vivimos.

En ese mismo diccionario encontramos que el entorno se define como el conjunto de circunstancias o factores sociales, culturales, morales, económicos, profesionales, etc., que rodean a una persona en cada momento e influyen en su desarrollo y mentalidad.

Tipos de entorno

Así pues, lo primero que me gustaría subrayar es que, el entorno lo conforman una gran variedad de elementos, que podemos agrupar en 3 grandes tipos de entorno:

Entorno social: nuestra ciudad, nuestro barrio, nuestros representantes políticos y principales agentes sociales, los medios de comunicación y, en general, el clima social que nos transmiten.

Entorno familiar: nuestra casa, la familia, los amigos, nuestros conocidos y las relaciones que mantenemos con todos ellos.

Entorno laboral: nuestra empresa, la cultura en la que trabajamos, los compañeros con los que lo hacemos, el tipo de tarea que desempeñamos o el perfil de los clientes y proveedores con los que interactuamos a diario.

Y que todos estos elementos influyen en nuestra mentalidad. En nuestra manera de pensar, sentir y actuar.

Cambios voluntarios e involuntarios

Además, a esto cabe añadir que los cambios de mentalidad pueden ser involuntarios y voluntarios.

Cuando hablamos de cambios involuntarios nos referimos a cómo impactan en nuestra mentalidad aquellos cambios en el entorno en los que no podemos influir o en los que no hemos estado involucrados. Por ejemplo, si el gobierno nos confina como consecuencia de una pandemia global o nuestra empresa decide cambiar de ubicación las oficinas, estamos hablando de cambios involuntarios.

Por otra parte, también se pueden producir cambios de entorno completamente voluntarios, como, por ejemplo, cuándo decidimos cambiar de casa, de amigos o de trabajo motu proprio.

La buena noticia es que, en ambos casos, se trate de cambios de entorno voluntarios o involuntarios, todos tenemos la capacidad de decidir cuánto impacta cada uno de esos cambios en nuestra manera de pensar, sentir y actuar.

Los seres humanos tenemos la capacidad de controlar nuestra mentalidad y minimizar así cualquier impacto que puedan producir en nuestro entorno aquellos cambios que escapan de nuestro control.

Tipos de mentalidad

Vamos a ver, por último, los 3 tipos de mentalidad más habituales en las personas.

Mentalidad de crecimiento o abundancia:

La mentalidad de crecimiento o abundancia consiste en tener la consciencia de que la inteligencia no es fija, que el cerebro goza de una tremenda plasticidad y que, gracias a eso podemos aprender cosas nuevas a diario.

Las personas con este tipo de mentalidad ven en cada nuevo cambio de entorno, una oportunidad para desarrollar su capacidad de adaptación, explorar y superar nuevos retos.

La mentalidad de abundancia nos genera un sentimiento de gratitud que nos permite tener una vida más satisfactoria. Las personas con mentalidad de crecimiento y abundancia se enfocan en el aprendizaje y la colaboración continuos, fortalecimiento sus relaciones con la familia, amigos, compañeros y pareja.

Este tipo de mentalidad se tiende a inculcar en el entorno familiar y social, por lo que las personas que desarrollan este tipo de mentalidad suelen incorporarse al mercado laboral con ella en su ADN. Un rasgo característico de este tipo de mentalidad es la percepción de que en el mundo hay suficiente para todos, por lo que la mejora propia no implica el empeoramiento de las condiciones de nuestro compañero o vecino.

Mentalidad de competencia o escasez:

Al contrario de lo que ocurre con la mentalidad de crecimiento o abundancia, la gente con mentalidad de escasez piensa que lo que el mundo nos ofrece es finito, es decir, que para que nos toque “un pedazo más grande del pastel” debemos quitarle a alguien el suyo. Que para que nosotros ganemos, alguien tiene que perder.

La mentalidad de escasez es limitante y, aunque a algunos les pueda parecer positiva en un principio, como motivación para mejorar y a no conformarnos, la realidad es que mantener esta actitud requiere un absurdo gasto de energía, genera enormes cantidades de estrés y, además, tiende a generar constante tensión y confrontación con las personas que nos rodean.

Al igual que ocurre con todas las mentalidades, la de competencia o escasez también se inculca principalmente en casa, pero en este caso, la diferencia es que, este tipo de mentalidad se fomenta activamente a través de nuestro modelo educativo y, por último, se termina por reforzar con nuestra incorporación al mundo corporativo, ya que se trata de la mentalidad habitual en el entorno laboral.

Mentalidad de víctima:

La mentalidad de víctima es un tipo de mentalidad extremadamente dañino, que hace que las personas vivan con una sensación de amenaza constante, que les lleva a creer firmemente que el mundo está conspirando contra ellos todo el tiempo, sin que haya nada que puedan hacer para cambiar su situación.

Por desgracia, se trata de una mentalidad muy extendida en todo el planeta, como consecuencia del abuso que han realizado la mayoría de los gobiernos del mundo en su uso de las políticas del miedo y el exceso de proteccionismo/populismo a la hora de intentar alcanzar el poder o perpetuarse al mando.

Los victimistas viven con la sensación de que todo lo que les ocurre es injusto y producto de su continua mala suerte. En su cabeza no cabe la idea de que su vida sea producto de sus decisiones, todo lo contrario, son sus circunstancias las que les condenan. Todos sus problemas son producto de la maldad y falta de empatía de los que les rodean.

Este tipo de mentalidad se inculca en casa, se fomenta por parte de algunos gobernantes, que encuentran en este tipo de mentalidad el caldo de cultivo idóneo para promulgar sus políticas de “salvación” y proyectar su imagen de “líderes protectores”. Sin embargo, este tipo de mentalidad es el más detestado por parte de los líderes empresariales, por lo que, con este tipo de mentalidad se trae de casa al trabajo y no al revés.  

Conclusión:

Más allá de componente genético y su influencia en todos los procesos neurológicos, nuestra calidad de vida y con ella, nuestro equilibro mental, físico, espiritual, social y laboral, son producto de una ecuación de 2 variables: entorno y mentalidad.

Si bien es cierto que muchos de los cambios que se producen en nuestro entorno escapan a nuestro control, también lo es que los seres humanos contamos con la capacidad de contrapesar cualquier impacto producido por agentes externos, tomando el control de nuestra mentalidad.

Resulta obvio que, dado que pasamos una tercera parte de nuestro tiempo en el entorno laboral, cualquier cambio en ese entorno, tiene un impacto directo en nuestra salud mental y física, pero también lo es que no podemos responsabilizar exclusivamente a las empresas de algo tan importante como es nuestra salud.

Si el trabajo te está haciendo daño, no esperes a que tu jefe se dé cuenta. Primer paso: habla con la empresa. Segundo paso: si no muestran interés por tu salud mental, toma el mando. No permitas que un trabajo deteriore tu salud mental.

Es verdad que todos dependemos enormemente del trabajo para nuestra subsistencia (pagar facturas) pero si enfermas, tu subsistencia se verá mucho más amenazada. Existen muchas herramientas que nos permiten practicar cambios de mentalidad. Una de ellas es el aprendizaje y práctica del estoicismo. No es una barita mágica, pero te puedo garantizar que practicarlo te puede ayudar, y mucho, especialmente a la hora de gestionar situaciones en las que todo parece estar en tu contra.

Intenta evitar el victimismo a toda costa, por muy mal que te salgan las cosas en algunos momentos de tu vida. Cuando todo vaya mal, intenta enfocarte en todo lo que todavía tienes y, sobre todo, en aquello que sí puedes controlar, como, por ejemplo, tu mentalidad.

No soy nadie para dar consejos, pero si no sabes nada del estoicismo, échale un vistazo. No pierdes nada y puedes ganar mucho. Si quieres saber más acerca del neoestoicismo y cómo puede ayudarte a mejorar tu equilibrio vital, te recomiendo la lectura de autores como Massimo Pigliucci, Jose Carlos Ruiz o Ryan Holiday, o de clásicos como Epicteto, Marco Aurelio o Séneca.

Te dejo una sencilla tabla resumen, para que puedas reflexionar acerca de qué mentalidad predomina en cada uno de tus entornos. Ten en cuenta que, si actualmente no controlas tu mentalidad, la que predomine en tu entorno coincidirá con la que tú has desarrollado y muestras cada día. Las personas que no saben cómo tomar el control de su mentalidad, se mimetizan con la de sus entornos.

¿Hora de reflexionar?

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Muchas gracias por el tiempo que has dedicado a leerme.

Un saludo

Jordi

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